Qué garantiza el sello
El sello de un X-DOC sellado es un hash SHA-256: una huella digital de 256 bits del contenido, calculada en tu propio aparato en el momento del registro. Es la misma función criptográfica que sostiene el Bitcoin. Cambia una coma y cambia el hash entero — y eso es lo que hace que la garantía sea verificable por cualquiera, sin depender de nosotros.
Quien recibe recalcula el hash y compara. Coincide: es exactamente el texto que se selló. No coincide: alguien lo alteró después.
La hora viaja en UTC, bajo el hash. Sirve para probar que el contenido ya existía antes de un hecho posterior.
El eslabón lleva a quien lo selló, y eso no se reescribe — ni cuando el documento pasa de mano en mano.
El sello de cada versión incluye el de la anterior. Por eso las versiones forman una cadena, y el orden entre ellas es demostrable.
Y lo que el sello no garantiza: voluntad. Un documento sellado y no firmado es texto fechado con autoría — que ya es mucho, y no es un acuerdo. La conformidad es otra operación, con otro sello: es el X-DOC para firma, donde las dos partes firman el mismo hash. El sello prueba qué y cuándo; la firma prueba quién quiso.
Qué puede y qué no puede hacer quien recibe
Es la promesa que le da nombre a la operación: quien recibe un X-DOC sellado no recibe ninguna pluma. Y no es una restricción escondida en la pantalla — es la puerta de escritura la que se niega, así que ni una pestaña vieja ni un camino alternativo logran grabar una revisión encima.
- Leer el contenido entero, en la misma hoja en que fue escrito.
- Verificar el sello en su propio aparato, sin red y sin consultarnos.
- Exportar el PDF, que lleva la franja del sello impresa en la página.
- Guardarlo en la caja de X-DOC sellados, para encontrarlo después.
- Pasarlo adelante tal como llegó — la copia sigue con el sello original.
- Editar el contenido. No existe camino: ni botón, ni pantalla, ni puerta.
- Registrar una versión propia encima. La cadena sigue siendo de quien la labró.
- Que se le pida firma. La puerta que promete "no se pide nada" no viene después a pedir metal.
- Re-sellar antes de pasarlo adelante. Lo que llegó sigue adelante como llegó.
El sello vale para los dos lados. Quien mandó un X-DOC sellado tampoco cambia más ese contenido: el sello no es un permiso que el autor concede y revoca, es una propiedad del documento. Si quiere corregir, registra la versión siguiente — y la anterior, la que tienes en las manos, sigue verificando por el resto del tiempo.
Cómo se manda
Todo X-DOC nace sellado. Así que mandarlo para lectura no exige preparar nada especial: exige elegir la puerta correcta en la conversación, y elegir cuál versión va.
Registra el documento. Escríbelo y séllalo. Lo que se registra ya está sellado — no existe una etapa de "sellar después".
En la conversación, toca el + y elige X-DOC sellado. La puerta declara el pedido: sólo leer.
Elige la versión. Si el documento tiene más de una, la cadena aparece para que señales cuál va en el recado — cada eslabón es un documento completo, con su propio sello.
Confirma el eslabón que va. La hoja se abre para que revises el contenido y el sello antes de adjuntar — es la última oportunidad de ver que mandas la versión correcta.
Manda el recado. El documento viaja junto al mensaje, dentro de la conversación de esa conexión — y la tarjeta en la burbuja ya muestra el sello y el candado.
Cuándo usarlo
La pregunta que decide la puerta es simple: ¿qué espero de la otra persona? Si la respuesta es "que la lea, que la sepa y que pueda probarlo después" — es sellado.






Si esperas que la persona escriba, la puerta es el X-DOC abierto: recibe una semilla y abre una cadena propia, en paralelo a la tuya. Si esperas su conformidad, la puerta es el X-DOC para firma. Tres expectativas, tres puertas — y siempre es la expectativa la que elige, nunca el tipo de papel.
Dónde queda un X-DOC sellado cuando llega
Todo X-DOC sellado que llega para ti va a la caja X-DOC sellados, en la lista principal de la cartera, al lado de tus conversaciones.
La caja de X-DOC sellados abre directo en la hoja. Las otras operaciones tienen una pantalla intermedia — la cadena — porque hay una elección que hacer: cuál versión leer, o dónde empezar la tuya. Aquí no hay bifurcación: el pedido es leer, así que la hoja es el destino.
Un documento que llegó y todavía no se resolvió aparece con un punto rojo parpadeando. No cuenta cuántos: dice que falta que algo pase. Y se apaga por tres caminos — leer, saltar, o registrar que no lo vas a leer.
La luz sigue el registro, no tu toque. Puedes leer y decidir sin red a gusto, pero la baja sólo entra en el registro cuando vuelve la conexión: hasta entonces la tarjeta dice "leído · aviso en camino" y la luz sigue encendida. No es cobrar dos veces — es la diferencia entre "hice mi parte" y "esto está resuelto". Cuando la red vuelva, el aparato despacha solo.
El documento queda en tu aparato, y la tarjeta muestra de quién vino, con el nombre y la foto de la conexión. Quitarlo de tu bóveda saca tu copia de este aparato y nada más: quien mandó sigue con la suya, y el sello sigue verificando — nadie deshace un registro en la cartera ajena.